LAIA BADA BALAGUÉ

LAIA BADA BALAGUÉ
Sobre mi
Mi vocación por la psicología nace desde muy pequeña. Recuerdo ser una niña especialmente observadora, con una gran capacidad de escucha. De alguna manera, los demás niños y niñas confiaban en mí, compartían sus secretos y preocupaciones, y yo sentía una motivación genuina por ayudar a quien lo necesitaba. Con el paso del tiempo, ese interés fue transformándose en una curiosidad profunda por la mente humana y por todo aquello que la sostiene y la atraviesa.
Elegí la especialidad infantojuvenil porque el trabajo con la infancia siempre ha formado parte de mí. Antes de estudiar Psicología me formé en Educación Infantil y trabajé como educadora en un centro de 0 a 3 años. Esa etapa fue clave, ya que me permitió observar de cerca las múltiples necesidades emocionales y evolutivas de los niños y niñas, y tomar conciencia de la importancia de una formación más profunda para poder acompañarlos de manera adecuada, así como a sus familias.
A partir de ahí inicié mis estudios en Psicología y continué vinculada a distintos proyectos relacionados con la infancia. Un punto de inflexión importante en mi recorrido profesional y personal fue mi propia maternidad, que me impulsó a seguir profundizando en el apego, la disciplina positiva y el impacto de las experiencias tempranas en el desarrollo emocional.
Desde entonces, mi camino profesional ha estado marcado por una formación continua desde un modelo integrador, especialmente a través del abordaje EMDR, que atraviesa todo mi trabajo clínico con personas adultas, adolescentes y niños/as, adaptándose a cada etapa del desarrollo. Este enfoque tiene muy en cuenta el apego, la historia vital y las experiencias vividas, entendiendo cómo estas influyen en el bienestar emocional presente.
De forma paralela, me he seguido formando en psicología perinatal, abordando el trauma desde el embarazo, el parto y el posparto, así como en procesos de duelo y pérdidas. Considero fundamental que cada etapa vital tiene necesidades emocionales diferentes, y por ello el acompañamiento terapéutico debe ajustarse al momento evolutivo y a las características de cada persona.
En mi práctica clínica, el juego, la psicomotricidad vivenciada y el vínculo terapéutico ocupan un lugar central en el trabajo con la infancia, siempre integrando y trabajando estrechamente con las familias, ya que el acompañamiento conjunto y el trabajo en equipo son fundamentales para que los aprendizajes y el bienestar se sostengan en el día a día. En la atención a personas adultas, adapto este mismo modelo a sus necesidades específicas, incorporando diferentes recursos terapéuticos desde una escucha activa, respetuosa y personalizada.
